Zonificación sanitaria: una herramienta clave para compatibilizar el control sanitario con el comercio exterior

La reciente gestión del brote de influenza aviar en Chile, junto con evidencia internacional y estudios de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), refuerzan el rol estratégico de la zonificación sanitaria para contener enfermedades, resguardar la producción y asegurar la continuidad del comercio exterior. Se trata de una herramienta clave en escenarios de alta sensibilidad sanitaria, como la influenza aviar -donde el país cuenta con experiencia reciente-, así como la peste porcina africana y la fiebre aftosa a nivel global.

Tras la confirmación del caso el pasado 24 de marzo en un plantel comercial de postura, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) activó de inmediato las medidas establecidas, incluyendo la autosuspensión preventiva de la certificación de exportaciones avícolas y la notificación oportuna a los socios comerciales y a la OMSA. En paralelo, el sector productivo, en coordinación con la autoridad, implementó el Plan de Contingencia, reforzando la bioseguridad y activando los mecanismos de control territorial.

Este despliegue permitió que, en menos de 72 horas, Chile reanudara sus envíos a mercados clave como Estados Unidos, Puerto Rico, México y Canadá, destinos que en conjunto representan el 82% de las exportaciones de carne de pollo en valor. La rápida reapertura no solo respondió a la gestión del brote, sino también a la confianza construida en torno al sistema sanitario nacional y a la aplicación efectiva de la zonificación.

En este contexto, el presidente ejecutivo de ChileCarne, Juan Carlos Domínguez, subraya el rol estratégico de la zonificación sanitaria para enfrentar contingencias sin afectar el desempeño exportador. “Es una herramienta clave para dar continuidad a las exportaciones, ya que permite que un evento localizado no impacte al conjunto de los envíos del país”, afirma.

Control territorial y respuesta sanitaria coordinada

La zonificación sanitaria consiste en delimitar geográficamente las áreas afectadas por una enfermedad y establecer en ellas medidas específicas de control, mientras las zonas libres continúan operando bajo condiciones normales. Este enfoque permite gestionar los riesgos de manera focalizada, evitando que un evento puntual afecte al conjunto de la producción nacional.

En Chile, este mecanismo se aplica a través de acuerdos sanitarios que permiten mantener exportaciones desde zonas libres de enfermedad, resguardando la continuidad operativa del sector. En la práctica, se establecen zonas de control en torno al foco -con medidas estrictas de vigilancia, restricción de movimientos y control sanitario- mientras el resto del territorio sigue funcionando con normalidad.

Los criterios varían según el mercado de destino: mientras Estados Unidos, Puerto Rico, Canadá y la Unión Europea aplican un radio de 10 kilómetros desde el brote, otros mercados como México y Reino Unido operan bajo esquemas regionales o provinciales. Esta flexibilidad responde a los distintos niveles de evaluación de riesgo de cada país importador.

Este enfoque permite una respuesta sanitaria eficaz, resguardando simultáneamente la producción, la bioseguridad y la continuidad de las exportaciones. Asimismo, forma parte de un marco sanitario más amplio, que habilita su aplicación ante otras enfermedades de alto impacto -como la peste porcina africana o la enfermedad de Newcastle-, sujeto al reconocimiento de los mercados de destino.

Evidencia internacional y desafíos de implementación

La experiencia reciente de Chile se alinea con lo que muestran diversos estudios internacionales. El informe “Uso, desafíos e impacto de la zonificación y la compartimentalización” (2024), elaborado por la OMSA, concluye que esta herramienta es clave para compatibilizar el control de enfermedades con el comercio seguro, especialmente en patologías de alto impacto como la influenza aviar, la peste porcina africana y la fiebre aftosa.

A nivel global, la zonificación se ha consolidado como una práctica cada vez más extendida. De acuerdo con el mismo estudio, su adopción ha crecido de manera sostenida en las últimas décadas, pasando de cerca de un 40% de los países en 2005 a más de un 65% en 2021. Su uso es particularmente alto en enfermedades como la influenza aviar, donde supera el 70% de implementación, y ha ido ganando terreno también en patologías como la peste porcina africana y la fiebre aftosa.

El informe también advierte que, si bien la zonificación ha demostrado ser efectiva para contener brotes y sostener el comercio internacional, su éxito depende de condiciones habilitantes que van más allá de la normativa. Factores como la solidez de los servicios veterinarios, los sistemas de vigilancia epidemiológica, el control de movimiento de animales y la coordinación entre el sector público y privado resultan determinantes para su correcta implementación. En este sentido, más que una herramienta estrictamente técnica, la zonificación refleja la capacidad institucional de los países y la confianza sanitaria que proyectan a nivel internacional.

Experiencias recientes en Europa refuerzan este diagnóstico. En el caso de la peste porcina africana, países como España han debido fortalecer sus sistemas de vigilancia y zonificación preventiva frente a la expansión de la enfermedad en otros territorios del continente, mientras que naciones como Alemania o Italia han aplicado estrictos esquemas de zonificación para contener focos en jabalíes y evitar su propagación a la producción porcina, resguardando así su acceso a mercados internacionales.

Estos casos evidencian que la zonificación además de reactiva, se constituye como una herramienta preventiva, y que su efectividad depende en gran medida del reconocimiento por parte de los países importadores, así como de la confianza en los sistemas sanitarios nacionales.

En el caso de Chile, estas condiciones se sustentan en un sistema sanitario robusto, liderado por el SAG, con capacidades consolidadas de vigilancia epidemiológica, control de movimiento animal y coordinación público-privada. A ello se suma una trayectoria de cumplimiento sanitario y una relación de confianza con los mercados internacionales, que ha permitido el reconocimiento de herramientas como la zonificación en escenarios de contingencia.

En esa línea, Juan Carlos Domínguez señala que “la zonificación es efectiva cuando existe un sistema sanitario sólido, una coordinación fluida entre el sector público y privado, y una credibilidad construida en el tiempo frente a los mercados internacionales”.

La reciente gestión del brote de influenza aviar en Chile confirma que, cuando estos elementos están presentes, es posible contener eventos sanitarios, evitando impactos mayores en la producción y en el comercio exterior. Al mismo tiempo, refuerza la necesidad de seguir fortaleciendo estos sistemas en un contexto global donde las enfermedades animales continúan representando un desafío creciente para la seguridad alimentaria y los flujos comerciales.