Respaldada por sólidos sistemas de control, vigilancia y trazabilidad, la inocuidad alimentaria constituye un elemento esencial para la salud pública, la confianza de los consumidores, el acceso a los mercados y el comercio internacional, contribuyendo al desarrollo competitivo del sector porcino y avícola y al posicionamiento de Chile como proveedor confiable de alimentos en el mundo.
Cada 7 de junio se conmemora el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, una iniciativa impulsada por las Naciones Unidas para promover acciones orientadas a prevenir, detectar y gestionar los riesgos asociados a los alimentos. La fecha busca relevar que la inocuidad alimentaria es una responsabilidad compartida entre gobiernos, productores, academia y consumidores, y constituye un elemento esencial para la salud pública, el desarrollo sostenible y el comercio internacional.
Chile ha desarrollado durante décadas un sólido sistema sanitario y de control de alimentos, reconocido internacionalmente por sus altos estándares y capacidad de respuesta. Este trabajo ha permitido al país consolidar una posición de liderazgo como exportador de alimentos seguros y de calidad a los mercados más exigentes en materia de inocuidad como EEUU, Europa, Canadá, China, Japón, Corea del Sur, México, entre otros.
Para ChileCarne, los avances alcanzados en esta materia son el resultado de una visión de largo plazo basada en la prevención, la gestión de riesgos y la mejora continua, elementos que hoy forman parte de la propuesta de valor del sector porcino y avícola chileno. «La inocuidad alimentaria no es solo una exigencia sanitaria. Es la base sobre la cual se construye la confianza de los consumidores, la credibilidad de nuestros sistemas productivos y la capacidad de Chile para competir en los mercados más exigentes del mundo», señala Juan Carlos Domínguez, presidente de ChileCarne.
Un factor clave para la competitividad
En un sector fuertemente orientado a las exportaciones, la inocuidad de las carnes es un requisito indispensable para acceder y mantenerse en los mercados internacionales. Sin embargo, su relevancia trasciende el cumplimiento normativo y se ha transformado en un atributo diferenciador cada vez más valorado por consumidores, autoridades y socios comerciales.
Los mercados demandan información cada vez más precisa sobre el origen de los productos, sus condiciones de producción y los sistemas que respaldan su seguridad. En este escenario, la trazabilidad, el monitoreo permanente y la capacidad de verificar cada etapa del proceso productivo son elementos determinantes para fortalecer la competitividad.
El sector porcino y avícola chileno cuenta con una fortaleza relevante en esta materia. Las empresas mantienen un control integral de la cadena productiva, desde la genética y la alimentación animal hasta la crianza, el procesamiento y la comercialización de los productos, asegurando altos estándares de calidad e inocuidad en cada etapa.
«La confianza no se declara, se demuestra. Se construye todos los días a través de sistemas de control, trazabilidad, monitoreo permanente y una cultura de mejora continua que involucra a toda la cadena productiva», destaca Juan Carlos Domínguez.
Sistemas que respaldan la seguridad alimentaria
El compromiso del sector con la inocuidad se sustenta en una gestión permanente basada en la prevención, el monitoreo y la mejora continua.
Los sistemas de aseguramiento de la inocuidad implementados por las empresas del sector se sustentan en metodologías preventivas reconocidas internacionalmente, entre ellas el Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP), programas de prerrequisitos, monitoreo continuo y sistemas de verificación que permiten identificar, controlar y prevenir riesgos a lo largo de toda la cadena productiva.
Entre las iniciativas más destacadas se encuentra el Programa Integral de Vigilancia de Dioxinas, Furanos y PCBs, implementado desde 2008. A través de muestreos permanentes, análisis en laboratorios acreditados, auditorías y actividades de capacitación, este programa permite monitorear y controlar estos contaminantes desde los insumos hasta el producto final, asegurando el cumplimiento de las exigencias nacionales e internacionales.A ello se suman los programas de control y autocontrol de residuos químicos, orientados a verificar el cumplimiento de los límites máximos permitidos para medicamentos veterinarios, plaguicidas, contaminantes ambientales y el no uso de sustancias prohibidas en granjas; los programas de inocuidad microbiológica, que monitorean indicadores bacterianos y la ausencia de patógenos a lo largo de la cadena productiva; y el Programa Integral Buena Salud, enfocado en promover el uso responsable de antimicrobianos y contribuir a la prevención de la resistencia antimicrobiana.
Este trabajo es complementado por auditorías periódicas realizadas tanto por autoridades nacionales como por organismos de los mercados de destino, los cuales constituyen un mecanismo fundamental de validación independiente de los sistemas de inocuidad, trazabilidad y certificación exigidos para el comercio internacional. Estas auditorias no solo verifican el cumplimiento de los requisitos sanitarios y regulatorios, sino que también fortalecen la credibilidad y confianza internacional de la producción pecuaria chilena, respaldando la mantención y expansión de los mercados de exportación.
Asimismo, los procesos de apertura de nuevos mercados contemplan rigurosas evaluaciones sanitarias y auditorias técnicas que permiten validar en terreno las condiciones de producción, control y vigilancia del sector porcino y avícola chileno, otorgando garantías objetivas a las autoridades competentes de los países importadores.
Ciencia y colaboración para enfrentar nuevos desafíos
Los avances alcanzados por Chile en materia de inocuidad alimentaria son el resultado de una estrategia basada en evidencia científica, gestión de riesgos y una estrecha colaboración entre el sector público, la academia y el sector productivo.
En este contexto, ChileCarne valora la Política Nacional de Inocuidad y Calidad de los Alimentos 2026-2036, que promueve una visión preventiva y coordinada para fortalecer el sistema alimentario nacional y enfrentar los desafíos emergentes en materia de producción, consumo y comercio de alimentos.
Mantener y perfeccionar los sistemas de control, vigilancia y trazabilidad seguirá siendo fundamental para proteger la salud de las personas, responder a las crecientes exigencias de los mercados y consolidar el posicionamiento de Chile como un proveedor de alimentos seguro, confiable y competitivo a nivel mundial.


