La reducción de pérdidas de alimentos, la valorización de subproductos y los avances en tecnologías que han contribuido a un mejor desempeño del sector en materia de economía circular, fueron parte de los temas abordados por ChileCarne en el Taller presencial realizado el 6 y 7 de mayo en Costa Rica, en el cual se reunieron más de 40 representantes de organizaciones de 12 países de América Latina y Europa.
María Ignacia Essedin, Ingeniero Agrónomo y Magister en Gestión de Empresas Agroalimentarias, quien se desempeña desde hace 4 años como analista de sostenibilidad en ChileCarne, fue la representante del sector, quien junto a Johanna Guzman, Coordinadora Nacional Senior de APL de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático (ASCC), Carlos Descouvieres, Gerente de Desarrollo y Sustentabilidad de ChileAlimentos e Ignacio Rebolledo, Gerente General de ImplementaSur, expusieron los avances del proyecto público-privado impulsado con apoyo de la comunidad de práctica ArticuLAC, organizadora del evento, la cual tiene como misión el fortalecimiento de la colaboración entre el sector público y privado para impulsar la acción climática y las inversiones sostenibles en la región.
El foco de la iniciativa fue identificar las pérdidas de alimentos en el sector, específicamente en la fase de procesamiento o manufactura, además de constatar los avances realizados por las empresas del sector agroalimentario lo largo de los últimos años y las contribuciones a la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con una mejor gestión de procesos.
Entre los principales resultados de esta primera etapa destacó el alto nivel de gestión presente en las empresas participantes, con una amplia utilización de sistemas de gestión productiva, monitoreo y mecanismos de control y rápida identificación de desviaciones que permiten la generación de acciones correctivas.
“Uno de los desafíos futuros a nivel global, identificados a partir de este ejercicio, es el del desarrollo de un lenguaje común para la medición y gestión de la pérdida de alimento. Hoy todas las mermas son consideradas “perdidas” independiente de si se trata de una fracción comestible o no, como lo pueden ser huesos de los animales, cuescos o cáscaras de frutos. Si bien, estas facciones pueden ser valorizables al ingresar como subproductos a nuevos procesos, también puede inducir a confusión al creer que existe una mayor “perdida de alimento para consumo humano” en el sistema agroalimentario. Mejoras en el lenguaje que permitirían una mayor precisión a la hora de clasificar las pérdidas, además de estandarizar fórmulas de cálculos e indicadores para hacerlos comparables entre los diferentes sectores productivos y potenciar oportunidades de mejora en la gestión a nivel productivo, ambiental y social, en conjunto con la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero que se buscan”, explicó María Ignacia Essedin.
Economía circular y valorización de subproductos
Asimismo, se evidenció una importante adopción de medidas de recuperación y valorización, mediante reprocesamiento, redireccionamiento comercial y aprovechamiento de subproductos a través del compostaje, o en procesos avanzados de recuperación de compuestos y de síntesis de bioproductos de alto valor agregado, por parte de todas las empresas participantes de los diferentes rubros productivos.
En el caso del sector cárnico chileno, la fracción no comestible -que actualmente representa la mayor proporción identificada como “perdida de alimento” y que incluye subproductos como, pelos o cerdas, pezuñas y plumas, entre otros- gran parte de dicho volumen está siendo valorizado para la elaboración de insumos, como harinas, proteínas y aceites de alta calidad, los que posteriormente se destinan a la fabricación de alimentos para mascotas y otras especies animales. Una práctica ampliamente extendida a nivel global y en Chile, a la que le aplican altos estándares de calidad, estrictos controles de proceso, así como sanitarios y que cuenta con más de 15 plantas operando actualmente en Chile.
Gracias a este modelo, cerca del 99% de la fracción no comestible que genera el sector se valoriza, mientras que menos del 1% termina en rellenos sanitarios o vertederos, lo cual contribuye significativamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero emitidos en dichos puntos.
“El sector ha avanzado fuertemente en la recuperación de subproductos generados en la faena, mediante la incorporación de mejoras tecnológicas en las líneas de proceso que permiten su captura y posterior valorización en procesos donde la economía circular es el eje central. Esto permite disminuir residuos y avanzar hacia sistemas más sostenibles y eficientes”, señaló Essedin.
Avances ambientales del sector porcino
La participación en ArticuLAC también permitió relevar la transformación ambiental que ha experimentado el sector porcino chileno durante las últimas décadas en materia de gestión de residuos, tratamiento de purines y reducción de emisiones.
De acuerdo con el reporte “La Sostenibilidad del Sector Porcino Chile: 25 años de evolución”, la cobertura de tratamiento de purines pasó desde menos del 40% a fines de los años noventa a más del 95% en la actualidad, con un 82% correspondiente a sistemas avanzados como biodigestores, plantas de lodos activados, compostaje y lombrifiltros.
Estas tecnologías permiten transformar los purines en subproductos útiles como fertilizantes, mejoradores de suelo y bioenergía, impulsando un modelo productivo basado en la economía circular y el aprovechamiento eficiente de recursos.
Los avances también se reflejan en indicadores ambientales concretos. El sector ha reducido en torno a un 75% sus emisiones de nitrógeno, disminuido cerca de un 69% el consumo de agua fresca gracias a la recirculación de aguas tratadas y reducido en un 39% las emisiones de carbono por kilo de carne producido, pasando de 2,92 kg de CO₂ equivalente a comienzos de los años 2000 a menos de 1,78 kg en la actualidad.
A ello se suma el desarrollo de biodigestores para la producción de biogás, utilizado como fuente de energía en distintos procesos productivos, permitiendo reemplazar combustibles fósiles y fortalecer la resiliencia energética de las operaciones.
Cooperación regional para enfrentar los desafíos climáticos
Durante las jornadas se compartieron variadas experiencias de articulación público-privada orientadas a impulsar sistemas productivos más sostenibles y acelerar inversiones alineadas con las metas climáticas de la región.
Entre los casos analizados destacaron iniciativas como los Green Deals de los Países Bajos, el Clúster de Energía del Estado de Sonora en México, el Mecanismo de Gobernanza de la NDC en Costa Rica y los Acuerdos de Producción Limpia impulsados en Chile, junto con el Programa Chile Origen Consciente, que certifica estándares de sostenibilidad en sectores como el porcino, avícola, lechero y el de ciruelas deshidratadas y bajo el cual el 77% del sector porcino se encuentra certificado.
Las jornadas también abordaron instrumentos regulatorios y financieros para promover la acción climática del sector privado, incluyendo compras públicas sostenibles, etiquetado ambiental, mecanismos de precio al carbono y herramientas para apoyar inversiones verdes.
Asimismo, representantes de distintos países compartieron experiencias y aprendizajes asociados al desarrollo de iniciativas orientadas a la sostenibilidad, la reducción de emisiones y el fortalecimiento de la colaboración público-privada en la región.
La participación de ChileCarne en esta instancia permitió relevar los avances que ha desarrollado el sector porcino chileno en reducción de emisiones, aprovechamiento de subproductos y economía circular, además de fortalecer el intercambio de experiencias y la colaboración regional para avanzar hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles y resilientes frente a los desafíos climáticos.



