Peste Porcina Africana mantiene la presión sanitaria en Europa y refuerza el valor de la prevención en Chile

Más de 300 nuevos brotes fueron registrados durante agosto en Europa, confirmando la persistencia de una enfermedad que continúa avanzando hacia nuevas zonas. Para países libres de Peste Porcina Africana (PPA), como Chile, la situación internacional vuelve a poner en primer plano la importancia de la vigilancia y de las medidas destinadas a prevenir su ingreso.

La Peste Porcina Africana continúa presente en distintas regiones del mundo y representa uno de los principales desafíos sanitarios para la producción porcina. Durante agosto de 2026, Europa volvió a registrar nuevos focos tanto en cerdos domésticos como en fauna silvestre, confirmando que el virus mantiene su capacidad de propagarse y alcanzar nuevas zonas.

El comportamiento de la enfermedad durante el último mes da cuenta de esta dinámica. En Hungría, la PPA fue detectada por primera vez en Somogy, mientras que en Polonia volvió a aparecer en Pomorskie, una zona que ya había registrado casos anteriormente. En Finlandia, en tanto, un nuevo foco fue identificado a 67 kilómetros del caso más cercano conocido hasta ese momento. Más que episodios aislados, estas detecciones muestran la capacidad del virus para mantenerse activo y desplazarse dentro de territorios afectados.

La distribución de los focos también permite observar cómo la concentración de animales puede incidir en la dinámica de propagación. Cerca del 48% de los casos registrados durante agosto se localizaron en zonas con más de 10 cerdos por kilómetro cuadrado, un elemento que refuerza la necesidad de mantener una vigilancia permanente y sistemas capaces de detectar oportunamente cualquier nuevo evento sanitario.

Una enfermedad que trasciende lo sanitario

La dimensión del problema se vuelve aún más evidente al observar su evolución en los últimos años. Desde enero de 2022, la PPA ha sido reportada en 76 países y territorios de cinco regiones, acumulando más de 1,22 millones de casos en cerdos domésticos y más de 55 mil en jabalíes. En ese mismo período, las muertes y los sacrificios realizados como parte de las medidas de control superaron los 2,7 millones de animales.

Aunque la PPA afecta exclusivamente a cerdos domésticos y silvestres y no es una zoonosis, sus consecuencias van mucho más allá de la sanidad animal. La presencia del virus puede generar pérdidas productivas importantes y, al mismo tiempo, dar lugar a restricciones sanitarias y comerciales destinadas a contener su propagación.

La experiencia internacional demuestra que estas consecuencias pueden extenderse rápidamente al comercio. A fines de 2025, por ejemplo, la detección de PPA en España llevó a Chile a suspender el ingreso de productos porcinos provenientes de ese origen y a reforzar los controles en los puntos de entrada al país. De esta manera, un evento sanitario ocurrido a miles de kilómetros puede tener efectos concretos sobre los flujos comerciales y las condiciones de acceso a los mercados.

Por eso, la prevención adquiere especial relevancia en países que han logrado mantenerse libres de la enfermedad. Evitar su ingreso requiere combinar controles sobre el movimiento de animales y productos con vigilancia epidemiológica y capacidad de respuesta temprana frente a cualquier señal de riesgo.

Chile: una condición sanitaria construida en el tiempo

En Chile, esa tarea parte de una condición que el sector ha logrado preservar durante décadas: de acuerdo con el Servicio Agrícola y Ganadero, la PPA nunca ha sido detectada en el país ni en el continente americano. Esta situación constituye un activo sanitario relevante para una actividad con una marcada orientación exportadora y cuya presencia en los mercados internacionales se sustenta, entre otros factores, en el cumplimiento de exigencias de sanidad, inocuidad y trazabilidad.

Mantener esa condición requiere mucho más que reaccionar frente a la aparición de un foco. La bioseguridad cumple un papel central precisamente porque busca anticiparse al problema, reduciendo las posibilidades de introducción y propagación del virus. Para ello, las medidas deben involucrar tanto a los establecimientos productivos como a los distintos actores que forman parte de la cadena, junto con las acciones de vigilancia y fiscalización de la autoridad sanitaria.

Esta mirada preventiva cobra especial importancia frente a una enfermedad que continúa circulando en diferentes regiones del mundo. En ese contexto, mantener las barreras de protección y fortalecer la detección temprana no responde solo a una contingencia puntual, sino a una tarea sanitaria permanente que permite resguardar la continuidad de la producción y las condiciones necesarias para sostener el comercio internacional.

La ciencia avanza en nuevas alternativas

Mientras la prevención continúa siendo la principal herramienta frente a la PPA, la investigación científica también avanza en el desarrollo de nuevas alternativas para enfrentar la enfermedad. Entre ellas, las vacunas han adquirido especial relevancia y durante 2026 la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) publicó nuevas directrices para orientar su evaluación en condiciones de campo y el seguimiento posterior a una eventual implementación.

El avance de estas herramientas, sin embargo, requiere considerar las particularidades de cada territorio. Las recomendaciones de la OMSA incorporan aspectos relacionados con la seguridad y eficacia de las vacunas, los estudios de campo, el monitoreo posterior y la vigilancia epidemiológica, buscando que cualquier decisión se base en evidencia científica y en las condiciones sanitarias de cada país.

De esta manera, la vacunación se plantea como una herramienta que puede complementar, pero no reemplazar, otras medidas de prevención y control. La bioseguridad, la vigilancia y el control de movimientos continúan siendo componentes fundamentales de una estrategia integral frente a la enfermedad.

Para Chile, donde la PPA no ha sido detectada, el desafío inmediato sigue siendo evitar su introducción y mantener la capacidad de responder oportunamente ante cualquier amenaza sanitaria. La evolución de la enfermedad en Europa y otras regiones vuelve a demostrar que la condición de país libre no es estática, sino un patrimonio que requiere vigilancia y protección permanente.

En un escenario internacional marcado por nuevos focos y por la capacidad del virus de alcanzar territorios previamente libres, mantener el estatus sanitario adquiere una dimensión que trasciende la producción. Para el sector de carne de cerdo, proteger esta condición significa también resguardar la continuidad de una actividad orientada a los mercados internacionales y la confianza construida por Chile como proveedor de alimentos.