Un estudio publicado en Global Environmental Change analiza cómo podría evolucionar la demanda global de proteína animal hacia 2050, considerando variables como el crecimiento de la población, la mejora de las condiciones económicas y el comportamiento de los precios. La evidencia muestra que el aumento del poder adquisitivo seguirá siendo el principal motor de esta tendencia, especialmente en regiones donde la ingesta actual de proteína animal aún es insuficiente.
El debate global sobre el consumo de carne suele abordarse desde miradas generales y poco contextualizadas. Sin embargo, la evidencia científica indica que la evolución de la demanda responde principalmente a factores económicos y nutricionales, más que a decisiones ideológicas o preferencias individuales.
Así lo confirma el estudio “Income, consumer preferences, and the future of livestock-derived food demand”, desarrollado por Komarek et al. (2021) y publicado en la revista científica Global Environmental Change, que analiza la evolución futura del consumo de carne, leche y huevos a nivel mundial a partir de variables como ingresos, población, precios y comportamiento del consumidor.
La demanda de proteína animal seguirá creciendo
Según este análisis, la demanda global de alimentos de origen animal aumentará un 38% hacia 2050, lo que equivale a un crecimiento per cápita del 14%. Este incremento será especialmente relevante en regiones donde el consumo actual es bajo, como Asia del Sur (49%) y África Subsahariana (55%), donde el acceso a proteína animal representa un avance significativo en términos de nutrición y salud pública.
Los autores son claros al señalar que “el crecimiento del ingreso es el principal impulsor del aumento en la demanda de alimentos de origen pecuario”. A medida que mejoran las condiciones de vida, las familias incorporan de manera natural proteínas animales para equilibrar su dieta, accediendo a nutrientes esenciales como hierro, zinc, vitamina B12 y proteínas de alta calidad.
Precios y efectos no esperados en el consumo
El estudio también advierte que las variaciones en los precios pueden generar efectos contrarios a los previstos. Una reducción en la demanda global de carne roja podría traducirse en una baja de precios, lo que, especialmente en países de altos ingresos, podría reactivar su consumo al volverse más accesible.
Tal como plantea la investigación, “reducir significativamente el consumo per cápita de carne en países de altos ingresos requeriría cambios muy profundos en la relación entre ingresos y consumo”, ya que los ajustes en la demanda suelen ir acompañados de mecanismos de mercado que tienden a compensar esa reducción.
La mirada de Gemma Ticó: contexto antes que generalizaciones
En este escenario, la narrativa global sobre la carne se ha construido, en gran medida, desde visiones parciales o descontextualizadas, donde la producción pecuaria suele reducirse a sus impactos ambientales, sin considerar los avances tecnológicos, su aporte al desarrollo rural ni su rol en la seguridad alimentaria.
A partir de esta evidencia, la comunicadora española Gemma Ticó, especialista en producción animal y estrategia digital, sostiene que no tiene sentido promover una reducción uniforme del consumo de carne a escala global. En uno de sus análisis recientes, plantea una pregunta clave para el debate: ¿a quién se le está pidiendo realmente que reduzca su ingesta y quiénes, en cambio, aún no han podido acceder a ella en niveles adecuados?
Su reflexión se apoya directamente en el estudio de Komarek (2021), que aporta antecedentes fundamentales para comprender un debate que con frecuencia se simplifica y se aborda sin considerar las profundas diferencias nutricionales y económicas entre regiones.
Soluciones regionales y un desafío compartido
Tanto el estudio como el análisis de Gemma Ticó coinciden en un punto central: las respuestas no pueden ser globales ni uniformes, sino regionales, basadas en evidencia y ajustadas a las realidades nutricionales, económicas y productivas de cada territorio.
En este contexto, el desafío para el sector ganadero -incluido el porcino- no es eliminar la carne, sino producirla de manera cada vez más eficiente, ética y sostenible, incorporando innovación tecnológica, bienestar animal, trazabilidad y mejoras continuas en productividad.
En un escenario donde la conversación pública tiende a la polarización, la comunicación respaldada por datos y evidencia científica resulta clave para fortalecer el rol legítimo de la proteína animal en sistemas alimentarios equilibrados, accesibles y sostenibles.
Puedes revisar el estudio Income, consumer preferences, and the future of livestock-derived food demand AQUÍ