El ministro de Agricultura aborda los desafíos y oportunidades del sector cárnico en la estrategia exportadora del país, destacando el rol de la sanidad, la apertura de nuevos mercados y la actualización de acuerdos comerciales, junto con la necesidad de fortalecer la coordinación público-privada y resguardar el prestigio sanitario de Chile. En este contexto, analiza las oportunidades de crecimiento para las exportaciones de carnes de cerdo y aves, el potencial de mercados emergentes en Asia y los desafíos en ordenamiento territorial y simplificación regulatoria.
Dada su experiencia en el sector agroalimentario, ¿qué lugar específico tendrán las exportaciones de alimentos, y en particular para las carnes de cerdo y aves, dentro de la estrategia país? ¿Qué metas concretas se ha fijado para su desarrollo?
Por un lado, hace 25 años atrás prácticamente era impensado el que nuestro país se pudiese transformar en una nación o en una economía exportadora de carne, de cerdos, de aves, también de vacuno y de cordero. Sin embargo, como consecuencia de la política o de la aplicación del modelo de desarrollo agroexportador que se fue implementando, hoy día tenemos un sector productor de carnes en Chile muy dinámico, que no solamente trabaja para la satisfacción de las necesidades nacionales, sino que también está llegando con sus productos a los principales países del mundo.
Y los volúmenes y los recursos que están involucrados en esto son significativos ya en la oferta exportadora nacional. Esto es la consecuencia de los tratados de libre comercio que Chile suscribió en su minuto y fundamentalmente los acuerdos fito y zoosanitarios, que al efecto hemos ido suscribiendo con nuestros principales mercados. Naturalmente nosotros vamos a continuar con esta política, con esta estrategia de desarrollo, ya que estimamos que tenemos la posibilidad de seguir creciendo.
Ahora, los montos, las cifras, obviamente que no las determina el gobierno y el Estado, porque el Estado o el gobierno no produce nada, eso es algo que lo tiene que ir respondiendo la industria, el sector privado. Y ahí la importancia que tiene el sector público de trabajar de la manera más comunal posible, con la industria, con los empresarios, con el sector privado, y en eso estamos empeñados.
Chile ha construido una reputación sanitaria sólida a nivel internacional. ¿Qué medidas se implementarán para resguardar ese estatus frente amenazas como las enfermedades exóticas y así sostener la confianza de los mercados externos?
Objetivamente, una de las fortalezas o ventajas comparativas que Chile tiene para acceder a los mercados externos, es el alto nivel o los altos estándares que Chile hoy exhibe en materia fito y zoosanitaria. Prácticamente somos un país libre de la mayoría de las enfermedades y epidemias que desgraciadamente siguen asolando a muchos países productores de aves, cerdos o de vacunos en el planeta. Por tanto, nuestro deber como Ministerio de Agricultura a través del SAG, es el preservar esa fortaleza.
Y para esos efectos, Chile no solamente tiene experiencia en erradicar enfermedades, sino que también en controlarlas cada vez que desgraciadamente episodios como estos ocurren. Puesto que en materia zoosanitaria el riesgo cero no existe. Y bueno, Chile ha ido elaborando protocolos que te indican cómo hay que reaccionar cuando acontecen estos episodios.
Y esos protocolos que han sido construidos junto con el sector privado están validados y reconocidos por nuestros socios comerciales, por todas las agencias o las otras agencias sanitarias que existen en los países de mercado de destino. Y nuestro deber o compromiso es cumplirlo a cabalidad, aun cuando en lo inmediato esto pueda significarnos algún perjuicio. Pero la fama, el prestigio que Chile tiene en este orden de cosas es a mi entender un imperativo superior y por eso es que trabajamos por ello.
La apertura de nuevos mercados sigue siendo clave para el crecimiento del sector alimentos y en particular para carnes. ¿Qué acciones se priorizarán para acelerar el acceso sanitario y comercial a nuevos destinos?
Yo estoy muy contento y satisfecho por la aplicación del modelo de desarrollo agroexportador al que anteriormente hacía referencia. Sin embargo, hay dos comentarios u observaciones adicionales que te puedo hacer a ello.
La mayoría de los acuerdos comerciales que Chile ha suscrito ya son acuerdos comerciales que tienen más de 20 años. Y lo mismo sucede con los protocolos o acuerdos fito y zoosanitarios que se alcanzaron en paralelo. Bueno, el mundo ha cambiado o está cambiando de una velocidad abismante.
Creo que 20 años es tiempo más que suficiente como para revisar lo que hoy tenemos y ver de qué modo esos acuerdos los traducimos o los adecuamos a la realidad comercial actual, tanto desde una perspectiva general del mundo como también desde la perspectiva de lo que es la realidad productiva nacional ahora. Y el segundo aspecto es que si bien, insisto, estamos satisfechos por todo lo que hemos hecho y las posibilidades de exportar existen, no debemos dejar de tener presente o yo no puedo olvidar que hay ciertos sectores del mundo, del planeta, donde hay cientos de millones de consumidores donde todavía hoy no estamos llegando. Y fundamentalmente estoy pensando en la India, en Indonesia y en algunos países del sudeste asiático.
Y por tanto, si tú me consultas cuáles son los nuevos destinos que tenemos que estudiar, naturalmente tendría que hacer referencia a ellos sin perjuicio de continuar con nuestro acceso a mercados tan interesantes como son Japón, como es China, como es Estados Unidos, como es la Unión Europea, etc.
Usted ha planteado la importancia de fortalecer la articulación público-privada. ¿Qué mecanismos se implementarán para trabajar de manera más coordinada con gremios como ChileCarne en temas críticos como bioseguridad, apertura de mercados y sostenibilidad?
Te lo resumo en una palabra, eso es esencial.
Si en este orden de materia no hay un acuerdo entre el sector público y el sector privado, poco o nada podemos avanzar. Esta es una condición absolutamente necesaria para que este sector se desarrolle. Y por una razón muy simple, porque el Estado, el gobierno no produce nada.
Sí, nosotros podemos crear normas, podemos crear incentivos, podemos generar las condiciones para que los negocios se desarrollen. Pero si detrás de eso no existe un actor privado dispuesto a llevar a la práctica y a ocupar la oportunidad o el espacio que estamos abriendo, el impacto sería cero. Y de ahí es que espero y confío, y esa es la disposición con la que me he encontrado con toda la dirigencia silvoagropecuaria nacional, de seguir trabajando juntos muy bien.
Y naturalmente que vamos a persistir en esa estrategia colaborativa máxima cuando ya está probado que es una estrategia efectiva.
Uno de los desafíos más relevantes para nuestro sector es el ordenamiento territorial y la certeza jurídica. En un contexto de mayores exigencias regulatorias y ambientales, ¿cómo se evitará que estas terminen afectando la competitividad del sector exportador?
Yo creo que en tu pregunta hay dos temas que se vinculan, pero que no se relacionan de una manera tan estrecha, de suerte que es necesario tratarlas por separado.
En primer lugar, en estos momentos, nosotros como Ministerio, siguiendo las instrucciones del Presidente, estamos desarrollando todo un proceso de revisión de la potestad normativa o de la potestad reglamentaria del Ministerio de Agricultura y su servicio, para ver de qué modo podemos ajustar, adecuar, simplificar muchas de las normas que hoy día existen, a fin de facilitar el desarrollo de este tipo de emprendimiento. En un lenguaje simple, estamos tratando de simplificar todo lo que se vincula con permisología.
Segundo, en lo que se relaciona con el ordenamiento territorial.
Este sigue siendo un desafío de país, en el que el Ministerio de Agricultura es uno de los actores que opina o que está interesado en ello, pero en cuya solución intervienen también otros actores, otros ministerios, como es el caso del Ministerio de Obras Públicas, el Ministerio de la Vivienda, el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Educación. Bueno, y aquí, como gobierno, tenemos que tratar de articularnos del mejor modo posible, a sabiendas que representamos intereses diferentes, pero que nos estamos disputando un mismo recurso que es el recurso suelo. Y sobre esto, si tú le consultas a cualquier ministro de Agricultura, él te va a decir que uno de los objetivos de su labor en el Ministerio es el tratar de preservar la mayor cantidad de tierra agrícola posible a un uso y destino agrícola o agroindustrial por una razón muy simple: el recurso suelo es un recurso muy escaso, un recurso muy limitado y, por ende, requiere de un uso o de una utilización muy racional. Pero lo anterior no puede impedir el que otras actividades económicas, como es la actividad industrial, también tengan que tener su espacio. En consecuencia, el encontrar un justo punto de equilibrio entre lo uno y lo otro es uno de los grandes desafíos del gobernar.

