En el marco del Día Internacional de la Mujer, el próximo 8 de marzo, el sector productor y exportador de carnes de cerdo y aves releva una transformación que hoy se observa a lo largo de toda la cadena de valor: la creciente presencia femenina en roles productivos, técnicos y estratégicos, aportando rigurosidad, compromiso y una mirada integral que fortalece la competitividad y sostenibilidad de la industria.
Desde los criaderos y pabellones de producción hasta la gestión de calidad, la innovación y la estrategia comercial, el talento femenino se ha integrado de manera transversal en las principales compañías del sector y empresas socias de ChileCarne como Agrícola AASA, Coexca, Maxagro y Agrosuper. Esta evolución no es solo cultural: tiene efectos concretos en la eficiencia operativa, el cumplimiento de estándares y los resultados de negocio.
Producción y calidad: impacto en la operación diaria
En el corazón productivo, Lisette Valverde, jefa de Criadero en Agrícola Chillán Viejo (Maxagro), ha sido parte de esa evolución. Comenzó en el área de estadísticas, fortaleciendo su capacidad de análisis y toma de decisiones, y hoy lidera una operación en terreno.
“Ha significado un crecimiento profundo, profesional y personal. En producción he aprendido que dirigir no es solo tomar decisiones, sino acompañar, generar confianza y sensibilizar a los equipos. Cada desafío ha sido una oportunidad de aprendizaje”, señala.
Desde su experiencia, la diversidad incide directamente en la gestión diaria. “Los equipos son más colaborativos y las decisiones se enriquecen cuando se consideran distintas perspectivas. El orden, la rigurosidad y una mirada integral influyen en la eficiencia y en la mejora continua. Que haya mujeres en distintos niveles y sectores envía además un mensaje claro: el talento no tiene género, y eso amplía las posibilidades para que nuevas generaciones se proyecten en la industria”, afirma.
Asimismo, destaca que la apertura efectiva de espacios para asumir mayores responsabilidades ha sido clave en este proceso. “La igualdad en los procesos de postulación, la capacitación continua y la movilidad interna demuestran que la empresa cree en el desarrollo integral de las personas. Esto fortalece el compromiso y la proyección profesional”.
Ese cambio también se refleja en la cultura organizacional. Cecilia Painequeo, jefa de Aseguramiento de Calidad en Lo Valledor de Agrícola AASA, con 11 años en la compañía, ha sido testigo de una transformación significativa. “Cuando llegué, prácticamente no habían mujeres. Hoy, en nuestra planta, el 50% de las personas trabajadoras son mujeres. La incorporación femenina ha hecho el ambiente más humano, colaborativo y respetuoso”.
A su juicio, el impacto no es solo cultural, sino también operativo. “La diversidad no solo mejora el ambiente laboral, también fortalece la calidad del trabajo y los resultados”. Subraya, además, que el compromiso con la equidad se ha traducido en decisiones concretas, como la adecuación de infraestructura en instalaciones que originalmente no estaban diseñadas para mujeres. “Más que un cambio físico, fue una señal de apertura y confianza en el talento femenino”.
Desde Coexca, Laura Vergara, asistente de Aseguramiento de Calidad, enfatiza el aprendizaje continuo y el trabajo colaborativo como pilares del desarrollo profesional. “Llegué muy joven y con poco conocimiento del proceso productivo, lo que me obligó a desarrollar disciplina y capacidad de adaptación. Entendí que los procesos se fortalecen cuando las personas trabajan con respeto y sentido de equipo”.
En su experiencia, la mayor participación femenina ha tenido efectos concretos en la gestión: “Hace algunos años la presencia femenina en procesos productivos era menor; hoy vemos mujeres participando activamente en toda la cadena. La diversidad de miradas ha enriquecido la toma de decisiones y fortalecido el compromiso con los procesos, lo que se refleja en mejores resultados operativos y sostenibles”.
Estrategia, innovación y mirada sistémica
En el plano estratégico, esta integración también se ha consolidado. Macarena Pizarro, gerenta de Marketing e Innovación de Productos en Agrosuper, destaca el carácter sistémico del sector.
“Es un sector estratégico para el país, altamente regulado, con una operación que exige excelencia diaria y una estrecha relación con mercados internacionales. Eso permite desarrollar una mirada integral del negocio, entendiendo cómo cada decisión impacta desde el origen productivo hasta el consumidor final”, afirma.
Desde su experiencia, la diversidad fortalece la gestión y la capacidad de adaptación. “Equipos diversos generan conversaciones más amplias, cuestionan supuestos y toman decisiones con mayor profundidad. Eso se traduce en equipos más resilientes, innovadores y preparados para contextos exigentes”, señala. Y agrega: “Me siento orgullosa de ser parte de un sector que evoluciona e innova constantemente, y que hoy abre cada vez más espacios para que más mujeres puedan desarrollarse y aportar desde distintas miradas”.
En materia de oportunidades, destaca la existencia de procesos formales de reclutamiento, evaluación de desempeño, formación y planes de sucesión orientados a asegurar desarrollo basado en competencias. “El desafío es que quien tenga las capacidades pueda desarrollarse. Hoy vemos mujeres en producción, calidad, personas, áreas industriales, legales y estratégicas. Eso envía una señal potente a las nuevas generaciones”.
Avances que se consolidan y desafíos que continúan
Los avances alcanzados reflejan un proceso que se ha ido profundizando en el tiempo, aunque todavía afrontan desafíos relevantes. En este sentido, las empresas socias de ChileCarne han impulsado programas de desarrollo profesional, mentorías y adecuaciones de infraestructura que promueven entornos inclusivos y seguros. El foco está puesto en valorar capacidades y desempeño, consolidando equipos complementarios que enriquecen la toma de decisiones y fortalecen la operación en todos sus niveles.
La igualdad de oportunidades se expresa hoy en políticas concretas de formación, movilidad interna, apertura de cargos estratégicos y procesos de selección basados en mérito. Sin embargo, las propias ejecutivas coinciden en que el proceso continúa.
En el ámbito operativo, Lisette Valverde plantea que aún es necesario derribar ciertos prejuicios asociados a áreas que históricamente se han percibido como masculinas, además de seguir generando condiciones que faciliten la conciliación entre vida profesional y familiar. Desde calidad, Cecilia Painequeo complementa que la clave está en mantener oportunidades reales de acceso y crecimiento profesional, porque “cuando se confía en las capacidades, el aporte se nota tanto en el clima laboral como en los resultados”.
Laura Vergara agrega que todavía existe espacio para aumentar la participación femenina en cargos de supervisión y fortalecer la formación técnica que permita proyectar más mujeres hacia roles estratégicos. Y desde el ámbito corporativo, Macarena Pizarro enfatiza que el principal desafío es cultural: “Debemos continuar trabajando en la formación temprana, visibilizar referentes femeninos y fortalecer procesos justos, transparentes y basados en mérito. Como industria, tenemos la oportunidad de demostrar que la inclusión y la diversidad no son solo un imperativo social, sino también un factor clave de competitividad y sostenibilidad”.
Así, desde el criadero hasta la estrategia comercial y la relación con los mercados internacionales, la mayor presencia femenina refleja un proceso en desarrollo que combina avances concretos con desafíos pendientes. Más que una meta alcanzada, se trata de un camino que continúa fortaleciendo a la industria desde la complementariedad de miradas, experiencias y capacidades.
En este 8 de marzo, el sector productor y exportador de carnes de cerdo y aves reafirma que promover entornos inclusivos y diversos no solo responde a una convicción de equidad, sino también a una visión estratégica para consolidar su desarrollo y proyección internacional.

